viernes, 12 de agosto de 2011

Síntomas de una nueva crisis político-religiosa (1)

Las atrocidades que tuvieron lugar durante las guerras europeas de la primera mitad del siglo XX hicieron resurgir la necesidad de un sentimiento religioso. Las guerras recientes, aunque ya no muestran los rasgos apocalípticos que mostraron las guerras de la primera mitad del siglo XX, se han convertido en el síntoma inequívoco de una creciente necesidad de imponer una vida comunitaria fundada en la idea de un «estado de derecho» que no quiere saber nada sobre la justicia ni la comunidad. El orden de la ciudad, en esta perversa utopía ilustrada, es el «ideal regulador» con el que se ha intentado sujetar a toda comunidad humana y a todos los individuos, pese a sus múltiples e insalvables diferencias culturales, al engañoso proyecto de una «sociedad universal». Muchos individuos —incluso comunidades enteras— han tenido que vivir en un permanente estado de guerra en las últimas décadas, sin importar la paulatina democratización del mundo y los espectaculares esfuerzos internacionales a favor del “desarme nuclear” y la “paz mundial”. Al menos eso es lo que testimonia la historia reciente. No creo, sin embargo, que esta penosa situación sólo sea el signo de la crisis política que han estado sufriendo las sociedades contemporáneas; también es el signo de una creciente y poco comprendida crisis espiritual de la humanidad en su conjunto. Esto ya lo apuntaba Eugenio Trías en su ensayo «Pensar la religión», así que parece pertinente tomar su invitación a pensar la religión como una hipótesis de trabajo bastante viable, ya que con tan sólo imaginar que detrás de la crisis espiritual de lo político se oculta una crisis religiosa, se hace comprensible la paradojica importancia que ha ido adquiriendo el juego de las religiones en nuestras complejas y cada vez más incomprensible sociedades.

No hay comentarios: