miércoles, 27 de marzo de 2013

La almohada en el silencio

Me revuelco entre sábanas polvorosas
que aún guardan los escombros de tu ausencia,
entre los pliegues y secretos
que tu cuerpo impaciente imprimiera
en medio del desvelo
a la hora del amor
y ahora erosionados con la acción implacable
del olvido y tormentas infinitas de lágrimas tristes...

enfermas de odio,
enfermas de amor enfermo...


Estás sábanas impregnadas
con todo tipo de aromas y memorias
siguen guardando en el silencio
el recuerdo de aquellas pieles e inocencias
con las que nos protegíamos del mundo
y que hoy se han quedado mudas en tu piel y la mía
llenas de espanto...

vacías,
pero dolorosamente vacías...


Entonces quisiera todo,
quisiera haberme quedado detrás de tus pupilas
para no verme como ya no veo tus ojos,
quisiera ignorar el vacío que me engaña,
en donde me tengo prisionero y enfermo de mí,
del estúpido que soy sin ti...

Pero entonces me descubro enfermo y vacío
con un puñal clavado en el corazón...


La ira me ahoga por las noches
en el desvelo y la desesperación,
en el amanecer que me desgarra las entrañas
con insufrible impotencia
al pensar cómo se desperdiciarán tus madrugadas
en que tu vientre furioso buscará mi cuerpo
entre los suspiros de un amante nuevo
que buscará frenético,
en el último resquicio de tu cuerpo,
tu intimidad más íntima...

que se quedó en mis manos,
que se perdió en el tiempo...


Entonces sé que te volveras furiosa contra tu almohada
ahogando un grito en los silencios de tu pasión,
que sentirás que no puedes controlar tu odio,
tu desesperación,
tu desprecio por esa maldita almohada
que fue cómplice del engaño que te separó de mí
y que volvió a mis manos dolorosamente
llena de amor,
de amor por ti,
pero vacía sin poder aferrarse a ti...

ausencia y silencio
de estas sábanas que huelen a olvido.



Ciudad del sinsentido, 7 de septiembre de 1998.

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